Monólogos

QUÉ VOTARÉ LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

Tengo ganas de contarles lo que votaré en las próximas elecciones ya que estoy convencido de que muchos de ustedes tomarán la misma decisión que yo, pero antes me gustaría reflexionar un poco sobre esto de las elecciones.

Digamos que esto de ir a votar es un ejercicio de liberación más que de democracia. Cuando llega el día de ir a votar uno siente que "ya ha pasado lo peor" y volvemos a la tranquilidad, a la normalidad y a la rutina diaria. Digo esto pues qué les voy a contar a ustedes del duro trance que supone una campaña electoral para el ciudadano de a pie. Vayamos por partes:

El primer problema con el que nos enfrentamos es el de escuchar a los políticos, gente normal como nosotros que, sin embargo, asumen el papel de libertadores o de dioses paganos prometiendo o jurando que todos nuestros problemas se acabarán en cuanto ellos salgan elegidos. Todos tienen una varita mágica que soluciona todos nuestros problemas, y los de nuestra familia, y los de nuestros vecinos y los de cualquier otra persona.

Más de uno de ustedes ha escuchado a un político prometer que la calle tal o cual va a disponer de un asfaltado nuevo y reluciente a la vez que al vecino de enfrente le aseguran que no, que serán adoquines de última generación los que pavimentarán nuestra calle. O quienes a unos prometen que en un solar cercano se hará un parque, a otros prometen que será un aparcamiento y a los de más allá le dicen que se hará un centro comercial alucinante. El secreto está en conseguir que todas esas personas no se junten para que no comprueben que sus conocimientos de arquitectura y urbanismo no son suficientes como para meter en un mismo solar todo lo que les han prometido a cada uno por separado.

Por otro lado están esos momentos mágicos en los que coinciden, frente por frente, dos o más candidatos. Es un momento verdaderamente edificante ya que aprendemos en poco rato como insultar al oponente sin decir palabras soeces. Por ejemplo: "hay alguien por aquí que no obtuvo el título de ingeniero por que no sabía sumar el precio de la matrícula", o esta otra: "su cara no me es familiar, ¿alguien le ha visto antes?", o esta: "se de alguien que todavía suma con los dedos". Es una forma de decirse idiota, insignificante o torpe sin herir susceptibilidades.

Hay quien, sin embargo, es más explícito y recurre a tópicos como "usted no me llega a la altura de los zapatos", lo cual solo es un elogio partiendo de una candidata con tacones. O quien recurre a la estética capilar son aquello de "usted no tiene un pelo de tonto, ni de listo" (obsérvese que el otro candidato es calvorota).

El caso es que en los cara-a-cara se aprecia la poca amistad que une en general a los candidatos.

Por si fuera poco, tenemos la avalancha de información que diariamente nos aborda desde cualquier medio de comunicación. Ya no es posible ver una película del oeste o una serie de dibujos con tranquilidad ya que en cualquier momento aparece el careto del candidato de turno soltando un mensaje que no se cree ni él mismo. Además, en esos días de campaña electoral no te enteras de lo que pasa en el mundo por que siempre es más importante lo que le pasa a los candidatos. Debemos soportar páginas y páginas de tonterías electorales sin que ello nos aporte más que una sensación de frustración conscientes de que todo lo que dicen se lo llevará el viento en pocas semanas.

Pero el premio gordo se lo lleva nuestro buzón de correos. Ese buzón que habitualmente no recibe más que recibos del banco o nuestra suscripción favorita. Ahora resulta que se nos queda pequeño para recibir todo lo que esas maquinarias de hacer papel que son los partidos políticos son capaces de generar en unas semanas. Programas electorales, cartas de los candidatos, boletines de los partidos, papeletas de voto e incluso un regalo sorpresa de su candidato más querido. Lo dramático del asunto es que en esos días hay quien pierde la llave del buzón y se encuentra con una situación verdaderamente desesperada.

Además, hay a quien entre tanto papel electoral se le pierde el aviso del banco para pagar no sé que cosa y se entera varias semanas después, una vez que le han embargado la cuenta por falta de pago.

Todo esto podría ser asumible por el ciudadano de a pie si no fuera por que las elecciones no se celebran, como todo el mundo cree, cada cuatro años. Tenemos elecciones europeas, nacionales, autonómicas, municipales, algún que otro referéndum y las elecciones de nuestra comunidad de vecinos. Como era de esperar, nadie se pone de acuerdo para hacerlas todas juntas, sino que se esparcen en el tiempo dando lugar a que cada año tengamos que votar alguna cosa y por tanto, soportar las molestias de un periodo electoral que, como ya he dicho, llega a ser algo insufrible.

A todo esto, no les he dicho lo que les había prometido y que no es otra cosa que "lo que votaré las próximas elecciones". Pues bien, les aseguro que votaré lo mismo que mi mujer, que para eso nos llevamos tan bien y pensamos tan igual.

O, al menos, eso creo.