En más de una ocasión he sentido la necesidad de decir las idioteces que me pasaban por la cabeza. El resultado ha sido este de los monólogos.

Los monólogos hay que tenerlos por lo que son: reflexiones, la mayoría de las veces absurdas, pero reflexiones al fín y al cabo.

Esta sección la he dejado algo estancada debido a que mis "idioteces" empecé a escribirlas en un blog el cual os invito a visitar en...

http://blog.elcomic.es

Para vuestro escarnio y sufrimiento colectivo, algún día volveré a escribir en esta sección, lo prometo.

Monólogos

CIEN IDIOTECES SOBRE UN ORDENADOR

Para empezar, no sé por que lo llaman ordenador cuando es incapaz de ordenar algo. Por el contrario, se trata de una caja tonta que si no la enchufas lo único que hace es llenarse de polvo y ocupar espacio.

Pero para que tengamos una idea clara de la inutilidad de este aparato, pensemos que si Cristóbal Colón hubiera tenido un ordenador a bordo de la Santa María no hubiera llegado necesariamente a América antes, pero seguro que consultando la "Encarta" no hubiera albergado dudas de a que lugar se dirigía.

Eso sí, de vuelta a España, Colón hubiera podido escribir amplios informes que habría sido impresos cinco veces, cinco copias, para ser distribuidas a otros tantos individuos que, a su vez, los habrían archivado como si nada.

Si vamos un poco más allá, en la época dorada de Al-Andalus, ¿habría ayudado este aparato a contener a Don Pelayo en su afán de reconquista? Podríamos cuanto menos planteárnoslo, pero creo que no. Pero no nos quepa duda de que algún muchachete, aburrido de pasear por los jardines de la Alhambra de Granada, se habría acercado al califa y le habría dibujado un precioso plano del avance del enemigo con el Photo Shop. En colores, por supuesto. Las idioteces sobre un ordenador

Pero vayamos más allá en el tiempo. Si los egipcios hubieran tenido ordenadores, ¿habrían hecho las pirámides más altas?¿habrían tardado menos en construirlas?. Rotundamente no. Pero, eso sí, el ordenador habría sido utilizado sabiamente por algún amiguete del faraón para indicarle cuantas piedras iban en cada fila, el porcentaje de ellas que estaban con los cantos rotos y, a su vez, cuantas de estas roturas estaban orientadas al Sur. Y el faraón lo hubiera agradecido, sin duda.

Dicho esto, me planteo yo lo que ganaríamos hoy en día sin ordenadores.

Por ejemplo, los dolores de espalda. ¿Cuántos dolores de espalda evitaríamos sin ordenadores?. Muchos, sin duda. Especialmente los de los cuerpos de seguridad, que antiguamente entraban en casa de los cacos y requisaban dinero, joyas y poco más. Ahora no. Ahora los ves a los pobres encorvados llevando ordenadores de un lado a otro con grave perjuicio para sus vértebras.

Otro ejemplo: la vista. Esto si que es grave. Antes disponíamos de mesas diáfanas con unas amplias vistas de todo cuanto nos rodeaba. Ya no hay vistas. Ahora tenemos la torre, la pantalla, la impresora, los cartuchos de tinta de repuesto pero no tenemos vistas.

Pero no todo es negativo, no. Un amigo mío se casó gracias a los ordenadores. Resulta que este amigo, Juan Caballero, solía ir a la biblioteca del pueblo malagueño de Benalmádena ya que allí tienen un montón de ordenadores para que la gente acceda a algo que se llama Internet.

En un ataque de no-se-que (que yo atribuyo a la borrachera del fin de semana) se le ocurrió ir al mencionado lugar a toquetear... los ordenadores. Una vez allí escucho un lamento en el puesto de al lado y al girarse vio a la mujer más bella que ojos humanos puedan llegar a ver. Toda ternura, desde su mirada hasta los bajos del pantalón.

Juan, sin titubear, le preguntó ¿puedo ayudarla? A lo cual ella respondió con un gesto de asentimiento para decir a continuación: "Se me ha bloqueado".

Juan, dada su experiencia de varios minutos con esto de los ordenadores no sabía si lo que se había bloqueado era la cremallera del pantalón o la apertura del bolso, pero no estaba dispuesto a dejar escapar esta oportunidad.

No se preocupe señorita, yo me encargo de todo.

Cuando la señorita, Pepa Rodríguez para más señas, le explicó que se trataba del ordenador a Juan no se le ocurrió otra cosa que invitarle a café en el parque convencido de que se desbloquearía solo. Y allí nació el romance. Punto y pelota.

Me quedan todavía noventa y tres idioteces que contar, pero ya lo haré otro día.

No quisiera terminar sin hacer una breve pero sutil mención a quienes utilizan los ordenadores para algo útil. ¿Hay alguien por ahí?.