El país que nos merecemos

Tenemos el país que nos merecemos, aunque nos guste

Me gusta España y me gustan los españoles. Me gustan nuestras
costumbres, nuestra manera de ser y de vivir, nuestra forma de tomarnos la
vida, nuestra vena latina y todo lo que, en definitiva, suene a nuestro. Estoy
convencido de que no hubiera sido tan feliz habiendo nacido fuera de este
pedazo de tierra que es la península ibérica. Y me gusta presumir cada vez que
puedo.
Pero como la felicidad plena no existe, Dios tuvo la idea de
compensar todo lo bueno que tiene este país regalándonos una clase política y
un lobby financiero que a veces provocan un irrefrenable  deseo de salir corriendo. No quiero ponerme de
mala leche, por lo que solamente voy a dedicarles dos párrafos.
Si me refiero a los políticos, esos profesionales con carné
de partido, se me cae la cara de vergüenza de pensar que he votado a alguno de
ellos. Todos se atribuyen méritos y derechos a gobernar o a sobornar al que
desea gobernar con la excusa de los votos. Perdónenme, pero yo he votado para
que gobiernen entre todos mi país y no para que luchen entre ustedes para ver
qué partido saca más tajada. Si tuviesen el más mínimo rubor, renunciarían a
sus salarios (que les pagamos todos los que esperamos ser gobernados) hasta que
no se forme un gobierno. En el paro me gustaría verles a todos. A lo mejor
funcionaría mejor España.
Los financieros son de otra pasta. A ellos todo esto les da
lo mismo porque no trabajan ni producen. Se dedican a especular. Juegan con las
expectativas ajenas (a veces incluso las propias también) para sacar tajada de
cualquier cosa que se ponga a su alcance. Incluso cuando este país estaba
arrastrándose en medio de una crisis que hemos sentido en todas las carnes,
ellos presumían de beneficios. Para más escarnio, esos beneficios (y otros no
declarados) se los llevan oportunamente a paraísos fiscales para que no
peligren lo más mínimo.
Dicho esto, me quedo con las personas de a pie. No políticos
ni financieros, sino personas humanas. Las hay buenas y malas, por supuesto,
pero creo que hay una mayoría que es francamente voluntariosa.
Aun así, hay idiotas en mi país que todavía me sorprenden.
Hoy he visto en las noticias de casi todas las cadenas que hay una familia que
quieren llamar “Lobo” a su hijo y que califican el artificioso proceso
mediático en el que se han metido como “la batalla más importante de su vida”.
No niego el derecho de cualquiera a poner a su hijo el nombre que desee, pero
la casualidad ha hecho que esa noticia saliera a la vez que otra en la que un
padre con ELA, sin movimiento y sin habla, haya visto desde la cama, por
videoconferencia, el nacimiento de su hijo. Y el otro dice que ponerle a su hijo, el nombre de Lobo, es lo verdaderamente importante. Está claro que éste es de los que ven el
“Sálvame”.
Un buen amigo decía que si a la mitad de los españoles les
diésemos la vuelta y los sacudiéramos caerían bellotas para llenar un saco.
Gente, políticos, financieros, idiotas, más gente… y muchas
bellotas.
Sí, ese es mi país.
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2 comentarios sobre «Tenemos el país que nos merecemos, aunque nos guste»

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